"Esta obra de Enrique Carretero, ejecutada en 1951 sobre cartón, es un testimonio excepcional del realismo español de mediados del siglo XX. Con unas dimensiones de 47,5 x 34,6 cm, la pieza destaca por una economía de medios que no resta potencia a la carga psicológica del retratado.
Carretero utiliza el soporte de cartón para jugar con las absorciones del óleo, logrando texturas mates y rugosas que refuerzan el carácter austero de la composición. La pincelada es decidida y constructiva, modelando las formas a través de planos de color que evocan la tradición de la escuela madrileña de posguerra, donde la sobriedad y la verdad del modelo priman sobre el detalle decorativo.
La fecha de 1951 sitúa la obra en un momento de plena madurez creativa para el artista, quien logra capturar no solo la fisonomía, sino la atmósfera social de una época. La iluminación, trabajada con contrastes marcados, otorga a la figura una dignidad monumental a pesar del formato contenido de la obra.